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Guía09 Jul 2026

Pulso en lámina delgada: manual o de máquina

Pulso bajo para moneditas definidas, manual frente a máquina, y cómo soldar lámina sin azucarar el reverso.

Pulso en lámina delgada: manual o de máquina

En lámina delgada, el pulso no es un adorno para que el cordón salga bonito: es control de calor. Cada pulso es un golpe de corriente que funde un punto y lo deja enfriar antes del siguiente, y esa pausa es justo lo que evita que atravieses la lámina o que el reverso se azucare. La decisión que más confunde es si conviene dar ese pulso tú con el pedal o dejar que lo dé la máquina, y la respuesta no es de gusto: cada uno cambia qué tan parejo te queda el cordón y cuánto calor metes a una pieza que casi no aguanta.

Esta guía explica qué hace el pulso en lámina, cómo elegir la frecuencia para que las moneditas salgan definidas, y cuándo el pulso de máquina te gana al del pedal.

Qué hace el pulso en lámina delgada

El pulso alterna entre un golpe de corriente alta (el pulso encendido) y una corriente baja de fondo (el tiempo de descanso). En cada golpe se forma una "monedita" del baño; en el descanso, el baño enfría un poco antes del siguiente golpe. Por eso en fusión, soldando sin aporte, el pulso deja esa apariencia de moneditas apiladas sin tener que dabbear filler.

En lámina eso importa por dos razones:

  • El calor entra a golpes, no de forma continua. La pieza tiene tiempo de soltar calor entre pulsos, y eso reduce el alabeo (warping) en metal que se tuerce con nada.
  • Buscas fundir solo la parte de arriba de las dos láminas, no atravesarlas. En una unión de canto (edge fit-up) de lámina, soldar la parte superior de las dos hojas ya te da penetración completa de ese espesor tan delgado sin que el reverso se azucare.

La idea de fondo es la misma que con el pulso DC: meter el menor calor posible y aun así fundir bien. En lámina, ese "menor calor posible" es la diferencia entre un cordón sano y una pieza ondulada.

La frecuencia decide cómo se ven tus moneditas

La frecuencia del pulso (pulsos por segundo, en hertz) es la que cambia el aspecto del cordón. Más baja, moneditas más marcadas; más alta, el cordón se vuelve un arrastre. En una de nuestras demostraciones de lámina con tres cordones, manteniendo iguales el tiempo encendido y el de fondo y moviendo solo la frecuencia:

  • Frecuencia baja (del orden de 1.7 a 2 Hz como punto de partida, con cerca de 50 por ciento de tiempo encendido y 25 por ciento de fondo): cada pulso alcanza a formar su monedita antes del siguiente. Cordón con la monedita más definida, el ripple parejo que casi todos buscamos.
  • Frecuencia media (del orden de 3 Hz): moneditas menos definidas, el cordón empieza a verse más como un arrastre que como una pila de monedas.
  • Frecuencia alta (del orden de 10 Hz): los pulsos van tan seguidos que el cordón es prácticamente un arrastre continuo, con una zona afectada por el calor (HAZ) más ancha. Más calor acumulado significa más distorsión en la lámina.

Estas cifras son un punto de partida, no una receta: el número correcto depende del espesor, del aporte que uses y de tu velocidad de avance. La regla práctica es que, para lámina y para moneditas marcadas, vas hacia abajo en frecuencia; el que menos calor mete es también el que menos te tuerce la pieza.

El movimiento va entre los pulsos, no encima

Aquí está el detalle que separa un cordón de moneditas limpio de uno emborronado: el avance no se hace durante el golpe de pulso, se hace en la pausa.

  1. Deja que el pulso forme la monedita. Cuando el pulso enciende, el baño se levanta y crea la monedita; quédate ahí ese instante.
  2. Avanza en el tiempo de descanso. Mueve la antorcha hacia adelante mientras el arco está en su corriente baja, de modo que el siguiente pulso caiga adelantado y encime sobre la monedita anterior.
  3. Apunta a un traslape de cerca del 50 por ciento. Ese medio traslape es el que da el perfil de moneditas parejas; menos traslape deja huecos, más lo aplana.

El espaciado entre pulsos lo marcan el espesor del material y el diámetro del aporte. En lámina del orden de calibre 16, un avance de alrededor de un octavo de pulgada por pulso es un punto de partida razonable; en material más grueso con aporte delgado, compensas metiendo un poco más de filler en cada pulso. Léelo en el cordón, no en el reloj.

Pulso manual con pedal o pulso de máquina

Las dos formas dan moneditas, pero no salen iguales.

Con el pulso manual tú haces de máquina: pisas y sueltas el pedal para subir y bajar la corriente, ajustando el calor cordón por cordón. Es flexible, porque puedes bajar el pedal un 40 o 50 por ciento al pasar por una zona caliente y subirlo donde la pieza pide más, sin tocar ningún ajuste. La desventaja: dependes de tus reflejos, y un humano reacciona más lento y menos parejo que un circuito. El resultado típico es un cordón con más variación de color y de HAZ a lo largo.

Con el pulso de máquina tú fijas la frecuencia, el tiempo encendido y la corriente de fondo, y la máquina dispara cada pulso al mismo ritmo. El cordón sale notablemente más uniforme, porque ya no reaccionas a tus propias reacciones lentas: reaccionas a un ritmo fijo. Un soldador lo explica así en una de nuestras demostraciones: el pulso de máquina es como hacer música con un metrónomo; oyes y sientes el golpe, y eso te obliga a entrar a tiempo con cada monedita. La máquina, dice, "te está entrenando para ser mejor".

La conclusión práctica: si vas a hacer lámina o moneditas parejas de forma repetida, el pulso de máquina te da consistencia que con el pedal cuesta mucho más igualar. El pedal sigue siendo valioso cuando necesitas corregir calor sobre la marcha, por ejemplo al cruzar un punto de unión (tack) que junta más metal. Muchos soldadores usan los dos: máquina para el ritmo base, pedal para los ajustes finos.

Lay wire o dabbing, y cuándo no metas aporte

Para depositar el aporte tienes dos técnicas que se llevan bien con el pulso:

  • Lay wire: dejas el alambre apoyado sobre el metal y lo vas empujando hacia el baño en cada pulso. El propio alambre frío te ayuda a controlar el calor que entra a la lámina, porque cada vez que metes aporte enfrías un poco el baño.
  • Dabbing: metes y sacas el aporte del baño repetidamente. Más control puntual, pero más movimiento de mano y más oportunidad de salirte del envolvente de gas.

Una nota importante para la fusión sin aporte: el pulso luce muy bien fundiendo dos piezas sin filler, pero no en cualquier material. En aluminio delgado, intentar unir dos piezas a puro pulso sin aporte tiende a agrietar la unión; ahí el pulso conviene más con aporte o reservarlo para casos como fundición de aluminio. En titanio e inoxidable delgados, en cambio, la fusión a pulso sin aporte sí da uniones limpias para piezas tipo cañería de carga o tubería de admisión, siempre con purga de respaldo cuando el material lo pide.

Resumen

En lámina, el pulso es control de calor: golpe que funde, pausa que enfría. Baja la frecuencia para moneditas marcadas (del orden de 1.7 a 2 Hz como punto de partida) y súbela solo si quieres un arrastre, sabiendo que más frecuencia mete más calor y tuerce más la pieza. Avanza en la pausa, no en el golpe, y busca medio traslape. Funde solo la parte de arriba de las dos láminas para penetrar sin azucarar el reverso. Y si quieres moneditas parejas sin pelear con tus reflejos, el pulso de máquina te da el metrónomo que el pedal no.

Qué máquina lo aprovecha

El pulso de máquina (frecuencia, tiempo encendido y corriente de fondo programables, más memorias por trabajo) vive en la soldadora. Las máquinas TIG de Everlast con pulso te dejan fijar ese ritmo y guardarlo:

  • PowerTIG 255EXT: AC/DC con pulso de rango amplio y control completo de onda, la referencia de taller para lámina y aluminio.
  • Typhoon 230: nueva generación con control digital, memorias programables y doble pulso DC para afinar aún más el calor en material delgado.

Si quieres entender primero el ajuste a fondo, lee nuestra guía de pulso DC en TIG y la de doble pulso DC en los Typhoon. Compara la línea completa en Soldadoras TIG o, si trabajas lámina y no sabes cuál te conviene, escríbenos por WhatsApp y te orientamos según el espesor y el tipo de pieza.

Preguntas frecuentes

¿Qué frecuencia de pulso uso para lámina delgada en TIG?

Para moneditas marcadas en lámina, una frecuencia baja, del orden de 1.7 a 2 Hz como punto de partida, con cerca de 50 por ciento de tiempo encendido y 25 por ciento de corriente de fondo. Subir la frecuencia (3 Hz, 10 Hz) vuelve el cordón un arrastre, ensancha la zona afectada por el calor y mete más calor, lo que tuerce más la lámina. No es receta fija: ajusta según espesor, aporte y velocidad.

¿Es mejor el pulso manual con pedal o el pulso de máquina?

El pulso de máquina da un cordón más uniforme porque dispara cada pulso al mismo ritmo y tú solo te acoplas, como con un metrónomo. El pulso manual con pedal es más flexible para corregir calor sobre la marcha, pero depende de tus reflejos, que son más lentos y menos parejos. Para lámina y moneditas repetibles, conviene el de máquina; muchos soldadores usan los dos: máquina para el ritmo, pedal para ajustes finos.

¿Por qué muevo la antorcha entre los pulsos y no durante el golpe?

Porque el golpe de pulso es el que forma cada monedita. Si avanzas durante el golpe, emborronas el ripple; si avanzas en la pausa, cuando el arco baja a su corriente de fondo, el siguiente pulso cae adelantado y encima sobre la monedita anterior. Así logras el traslape de cerca del 50 por ciento que da el perfil de moneditas parejas.

¿Cómo penetro la lámina sin azucarar el reverso?

En lámina delgada no buscas penetración completa atravesando: en una unión de canto, sueldas solo la parte de arriba de las dos hojas. Con ese espesor tan delgado, fundir la parte superior ya une el material a fondo sin que el reverso se azucare. El pulso ayuda porque mete el calor a golpes y deja enfriar entre uno y otro, evitando el exceso que arruina el reverso.

¿Puedo unir lámina con pulso sin meter aporte?

Depende del material. En titanio e inoxidable delgados, la fusión a pulso sin aporte da uniones limpias para piezas como cañería de carga o admisión, con purga de respaldo cuando el material lo pide. En aluminio delgado, intentar unir sin aporte a puro pulso tiende a agrietar la unión; ahí conviene meter aporte o reservar esa técnica para casos como fundición de aluminio.